Lo que el noticiero da (la vida no arregla)





Se retuercen de dolor  pero no  lavan el mundo con sus letras-sangre, con su imagen-látigo, sus voces impersonales de estadísticas y de casuísticas. Mientras tanto la niña-campana sigue auscultando de policías la calle y se consumará el robo sin guantes. Su corazón sin badajo ni hogar ni patria alerta acaso un mínimo de esperanzas.
Las luces de la cámara la salvarán de la complicidad, (porque sólo tiene ocho años) de la vergüenza de no adherir a las leyes….de la oferta y la demanda….de los que mandan.
Alguien la pondrá a resguardo  (porque solo tiene ocho años)  si se cuida de la piedra de los deseos y del hambre  seguro saldrá adelante. Aunque nunca deberá enfrentar, (ni aún de adulta) al  monstruo de mil cabezas.  Cuando apaciente su oveja de mansedumbre advertirá un orden insustituible. Ni lobos, ni estepas, ni piel de cordero, ni campanas que suenen al momento de los sacrificios. Sólo máscaras que no caen porque son el rostro. Quién sabe si entonces aún se habitará en sus lágrimas o habrá adquirido como nosotros el disimulo de morir, a determinada hora y en determinadas circunstancias.

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