Que nada cambie, nada se mueva
Que las cosas conserven
su discurrir diario,
su discurrir diario,
conjuro de lo que no vuelve
Que mi vecino no se mude
y deje colgado el hábito
de la costumbre
en las ventanas cerradas
Que no cambien mis pasos,
ni mi vestimenta.
Que no deje abierto el almanaque
Que se inviertan los relojes
Que el pasado vuelva de oficio
y se instale y conviva con su dialéctica
Que una sola tilde no
varíe el sentido
Que griten, que murmuren
que expresen su vigilia
los ojos de los muebles
el otoño que pasó
y es abono en la
tierra
Que alguien comparezca
sobre los estrados
de todos los ciclos
y todas las mudanzas
Es muy difícil para el
animal humano
frente a sus avatares,
no saber decir, ni poder callar.
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