Mi desiderata

Voltean mis ojos ante realidades sesgadas,  pero puedo mirar  los tuyos, ya me he entregado por entera. Me he columpiado sobre decisiones sabias para atemperar el bruto afán de este tiempo. Otros me han precedido lo sé, y me congratulo. Otros me seguirán cuando la fiesta termine y se sientan demasiado hartos como para no anhelar el amor. Es cuestión de tiempo, de conciencia levantada por su propio peso de vivir tras los barrotes. Destinos y caminos que apuran los impulsos o los retienen en cautiverio. Volar alto es mi elección. No más sangre derramada en nombre de ningún sofisma. Cuando digo que te amo, es porque te he amado antes en la cognición primera de mis yerros. Yo que he sido lo que he sido y ahora he vuelto, no lo hago con la vara y la medida, con el signo del perdón.  Ahora, yo solo me estremezco ante el féretro de vidrio donde yacen las ofertas. Cuando digo que te amo pienso un mundo donde vuelan mariposas de colores y habla  la  humildad del universo  por boca  de los sapos. Caen en cascada, mugidos de verde aroma, galopes de grupa libre sobre  suave sabana. No escondo mi inclinación por lo felino, mi identidad de can, mi magnanimidad de pájaro, ni mi congoja de balidos que en mi corazón humano llora semejando niños.
Cuando digo que te amo mi alma de mascota se repliega, se hace nido, estopa que se enciende en tu alegría, pero que también verbaliza lo salvaje y  lo hace  con la condición de abrir los vallados de la especie en el vértice exacto de la libertad y los derechos. Los que habitan en la tierra son la vida. Me ultraja la tristeza, el silencio agotador de las estrellas que precede a cualquier matanza,  cuando lucran las torpezas, arena y matadero, jaulas y escenarios.
Cuando digo que te amo espero un mundo diferente, con este amuleto en el que escribo mis deseos, mis sentimientos y mi exorcismo.  

Ultraje







Como un alfarero labra
sus pisadas en la tierra
Su delgado cuerpo se agota
fuera de su nombre
y  de su alegría.
Ahora es un nudo de miserias
su piel ni se ofrece ni resiste
Solloza con girones de sal
Llora como llora el mar
vuelto sobre si mismo
Muerde su realidad
de madriguera saqueada
Un hechizo en sus ojos,
túnel de inocencia,
estrella muerta que
aún  viaja 
en su lápida de luz

Caminante del mar






Caminante del mar, a
cechando la orilla
poblada de ciudades que han muerto
Un barco de  ensueño abre
un surco frágil
y encalla
cicatriz en mi piel
Cruza   las torres 
de este silencio
que me crucifica,
al otro lado de tu rostro
Capullos donde escondo  
la huella de la infancia,
el resquicio vano 
de lo que fui,
de lo que quise ser,
anhelo por el que lluevo sombras