Mi desiderata
Voltean mis ojos ante
realidades sesgadas, pero puedo mirar los tuyos, ya me he entregado por entera. Me
he columpiado sobre decisiones sabias para atemperar el bruto afán de este
tiempo. Otros me han precedido lo sé, y me congratulo. Otros me seguirán cuando
la fiesta termine y se sientan demasiado hartos como para no anhelar el amor.
Es cuestión de tiempo, de conciencia levantada por su propio peso de vivir tras
los barrotes. Destinos y caminos que apuran los impulsos o los retienen en
cautiverio. Volar alto es mi elección. No más sangre derramada en nombre de
ningún sofisma. Cuando digo que te amo, es porque te he amado antes en la
cognición primera de mis yerros. Yo que he sido lo que he sido y ahora he
vuelto, no lo hago con la vara y la medida, con el signo del perdón. Ahora, yo solo me estremezco ante el féretro
de vidrio donde yacen las ofertas. Cuando digo que te amo pienso un mundo donde
vuelan mariposas de colores y habla la humildad del universo por boca de los sapos. Caen en cascada, mugidos de
verde aroma, galopes de grupa libre sobre suave sabana. No escondo mi inclinación por lo
felino, mi identidad de can, mi magnanimidad de pájaro, ni mi congoja de
balidos que en mi corazón humano llora semejando niños.
Cuando digo que
te amo mi alma de mascota se repliega, se hace nido, estopa que se enciende en
tu alegría, pero que también verbaliza lo salvaje y lo hace
con la condición de abrir los vallados de la especie en el vértice
exacto de la libertad y los derechos. Los que habitan en la tierra son la vida.
Me ultraja la tristeza, el silencio agotador de las estrellas que precede a
cualquier matanza, cuando lucran las
torpezas, arena y matadero, jaulas y escenarios.
Cuando digo que
te amo espero un mundo diferente, con este amuleto en el que escribo mis
deseos, mis sentimientos y mi exorcismo.
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